La causa se activó luego de que directivos escolares detectaran advertencias escritas y dieran aviso a la policía. A partir de allí, se desplegó un amplio procedimiento que incluyó allanamientos y el análisis de chats, donde los adolescentes planificaban posibles ataques y mencionaban a compañeros como objetivos, en un contexto vinculado a situaciones de bullying.